Energía

El pacto eólico marino europeo busca reducir la dependencia del gas estadounidense y contener los costes energéticos

Europa acuerda desarrollar una red conjunta de energía eólica marina en el Mar del Norte como respuesta estratégica a la volatilidad del gas importado y al encarecimiento de la transición energética. El plan aspira a reforzar la autonomía energética del continente y estabilizar los precios de la electricidad a medio y largo plazo.

Los países del norte de Europa han dado un paso relevante hacia una mayor integración energética al acordar el desarrollo conjunto de una vasta red de energía eólica marina. En la Cumbre del Mar del Norte, celebrada esta semana, ministros de once países —entre ellos Alemania, Francia, Reino Unido y Países Bajos— firmaron un acuerdo para desplegar 100 gigavatios (GW) de capacidad eólica marina en aguas económicas compartidas, suficiente para abastecer a más de 50 millones de hogares.

El pacto se apoya en un compromiso previo de 2023 para alcanzar los 300 GW de energía eólica marina en 2050, formulado tras el fuerte impacto que tuvo en Europa la invasión rusa de Ucrania y la interrupción del suministro de gas ruso. Desde entonces, el continente ha pasado a depender en gran medida del gas natural licuado procedente de Estados Unidos, que en 2025 representó más de la mitad de las importaciones de GNL de la UE y Reino Unido.

Este nuevo impulso llega, además, en un momento de tensiones transatlánticas y de creciente inquietud en Europa por la diplomacia energética de Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, cuya estrategia de “dominio energético” ha reforzado la percepción de vulnerabilidad europea frente a proveedores externos.


Economías de escala y redes interconectadas

Más allá de la seguridad energética, el coste es uno de los grandes motores del acuerdo. El desarrollo coordinado a gran escala ofrece mayor certidumbre a la cadena de suministro y puede incentivar la inversión industrial local. Según el grupo sectorial WindEurope, la industria se ha comprometido a reducir los costes de la eólica marina un 30% entre 2025 y 2040, con un impacto económico estimado de un billón de euros y la creación de más de 90.000 empleos.

Uno de los elementos clave del plan es la interconexión transfronteriza. Los parques eólicos se conectarán a varios países mediante cables bidireccionales, permitiendo que la electricidad fluya hacia los mercados donde más se necesita. Este enfoque debería mejorar la eficiencia del sistema, reducir los episodios de precios negativos y limitar el desperdicio de energía renovable en momentos de sobreproducción.

La coordinación entre diferentes zonas horarias también facilitará un mejor ajuste entre oferta y demanda, reduciendo la necesidad de recurrir a centrales de gas para cubrir picos de consumo. A ello se suma un posible efecto indirecto: la caída de la demanda de eólica marina en Estados Unidos podría abaratar componentes y servicios para los proyectos europeos.


Costes inciertos y retos regulatorios

Pese al potencial del acuerdo, el camino no está exento de dificultades. La armonización de los distintos sistemas nacionales de subsidios y de las normas de los mercados eléctricos exigirá nuevas regulaciones complejas y podría encontrar resistencias políticas. Este proceso llevará tiempo y será clave para que las promesas de reducción de costes se materialicen.

El debate sobre el coste de la transición energética sigue siendo sensible en Europa, especialmente en un contexto de crisis del coste de la vida. Sin embargo, los expertos recuerdan que el coste de no actuar también es elevado. La demanda energética europea podría duplicarse para mediados de siglo, lo que obligará a modernizar redes e infraestructuras con independencia de la tecnología utilizada.

El pacto eólico marino europeo representa así una apuesta por una mayor capacidad energética e industrial propia, con el objetivo de reducir la dependencia de combustibles fósiles importados. Su éxito final dependerá de si logra traducirse en precios de la electricidad más estables y asequibles para los consumidores europeos.


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