
Los robots humanoides se han convertido en una de las imágenes más reconocibles de la nueva carrera tecnológica. Caminan, corren, manipulan objetos y aparecen cada vez con mayor frecuencia en demostraciones de fabricantes y vídeos publicados en Internet. Sin embargo, su presencia comercial continúa siendo muy pequeña cuando se compara con la robótica industrial convencional.
Según los primeros datos globales recopilados por la Federación Internacional de Robótica (IFR), durante 2025 se vendieron alrededor de 7.000 robots humanoides destinados a aplicaciones industriales y servicios profesionales. La cifra permite dimensionar un mercado que genera una enorme expectación, pero que todavía se encuentra en una fase temprana de desarrollo.
7.000 humanoides frente a cientos de miles de robots convencionales
La comparación con otras categorías de robótica ayuda a entender la diferencia. En 2024 se instalaron alrededor de 542.000 robots industriales convencionales y se vendieron aproximadamente 199.000 robots profesionales de servicios.
Los humanoides representan, por tanto, una fracción todavía reducida de la robótica comercial. Las imágenes de prototipos avanzados pueden transmitir la impresión de que estas máquinas están llegando rápidamente a fábricas y almacenes, pero las cifras muestran que su implantación real permanece muy lejos de la escala alcanzada por los sistemas industriales tradicionales.
Muchos de los robots vendidos todavía no están trabajando
Existe además otro matiz importante. Una parte significativa de esos humanoides no ha sido adquirida para realizar tareas productivas de manera permanente. Centros de investigación y empresas los utilizan para experimentar, recopilar datos y desarrollar mejores sistemas de inteligencia artificial.
La industria del automóvil, uno de los sectores que más interés está mostrando por esta tecnología, continúa trabajando fundamentalmente mediante proyectos piloto. La secretaria general de la IFR, Susanne Bieller, ha explicado que algunas fábricas están realizando pruebas con cantidades que pueden limitarse a unidades o decenas de robots.
Esto permite distinguir entre dos conceptos que con frecuencia se confunden: demostrar que una máquina puede realizar una tarea y conseguir que pueda desempeñarla de manera rentable, segura y fiable durante miles de horas.
Los humanoides todavía no están sustituyendo masivamente trabajadores
Los datos disponibles no describen, por el momento, una sustitución masiva de trabajadores por robots humanoides. La tecnología se encuentra principalmente en una etapa de experimentación, aprendizaje y validación industrial.
Para convertirse en herramientas de producción habituales, estas máquinas necesitan resolver dificultades que van mucho más allá de caminar o levantar objetos. Deben trabajar de forma repetible, reconocer situaciones imprevistas, operar cerca de personas sin crear riesgos, soportar jornadas prolongadas y justificar económicamente su adquisición y mantenimiento.
Un robot convencional diseñado para soldar, pintar o mover piezas puede realizar una función muy limitada, pero la ejecuta millones de veces dentro de un entorno preparado específicamente para esa tarea. El objetivo del humanoide es mucho más ambicioso: adaptarse a espacios y herramientas que originalmente fueron concebidos para seres humanos.
¿Qué convierte realmente a un robot en humanoide?
La definición utilizada por la IFR ayuda también a precisar el concepto. No basta con que un robot disponga de brazos o utilice inteligencia artificial. Los humanoides presentan una apariencia o estructura semejante a la humana y están concebidos para desenvolverse de forma autónoma en entornos diseñados para personas.
Curiosamente, esto no significa que necesariamente deban disponer de dos piernas. Un sistema puede mantener características funcionales humanoides aunque utilice otra forma de desplazamiento.
La semejanza con el cuerpo humano responde principalmente a una cuestión práctica. Puertas, escaleras, pasillos, estanterías, herramientas, vehículos y puestos de trabajo se han diseñado alrededor de nuestras dimensiones y capacidades físicas. Una máquina con una estructura similar podría utilizar esa infraestructura sin obligar a transformar completamente el entorno.
La inteligencia artificial puede acelerar el aprendizaje
El renovado interés por los humanoides está estrechamente relacionado con los avances recientes de la inteligencia artificial. Durante décadas, uno de los grandes problemas de la robótica ha sido programar de manera explícita todas las situaciones que una máquina podía encontrarse.
Los nuevos modelos permiten investigar sistemas capaces de interpretar mejor su entorno, aprender a partir de grandes cantidades de datos y generalizar determinadas habilidades. De ahí que algunos de los robots vendidos actualmente tengan precisamente como misión generar información con la que entrenar futuras generaciones de modelos.
El proceso crea una relación circular: mejores modelos pueden producir robots más capaces y una mayor cantidad de robots físicos puede proporcionar nuevos datos para mejorar esos modelos.
De 7.000 unidades a un posible mercado de millones
Las previsiones de crecimiento son considerablemente más ambiciosas que las cifras actuales. Bank of America Global Research calcula que podrían enviarse alrededor de 90.000 humanoides en 2026 y 1,2 millones en 2030.
Se trata de estimaciones sobre la evolución futura del mercado y no de ventas confirmadas. Alcanzarlas dependerá de factores como el coste de fabricación, la fiabilidad, la disponibilidad de componentes, la seguridad, la capacidad de los modelos de IA y, sobre todo, la existencia de aplicaciones en las que estas máquinas resulten económicamente competitivas.
También debe tenerse en cuenta el perímetro de las estadísticas de la IFR. Los datos citados excluyen los robots humanoides destinados al consumo y al ámbito militar, mientras que los robots médicos se contabilizan por separado.
Una demostración espectacular todavía no equivale a una tecnología madura
La robótica humanoide permite observar con especial claridad la distancia que puede existir entre una demostración tecnológica y una implantación industrial a gran escala. Un vídeo en el que un robot corre, salta o manipula correctamente un objeto demuestra una capacidad concreta, pero no informa por sí solo sobre su fiabilidad durante miles de horas de funcionamiento.
Las fábricas necesitan máquinas predecibles, seguras, reparables y capaces de justificar la inversión realizada. Por eso los robots industriales especializados continúan dominando ampliamente el mercado pese a resultar mucho menos llamativos.
Los aproximadamente 7.000 humanoides vendidos durante 2025 muestran que estas máquinas ya han comenzado a abandonar los laboratorios. También revelan cuánto camino queda todavía por recorrer antes de que la imagen de robots de forma humana trabajando junto a las personas deje de ser una demostración excepcional y se convierta en una realidad industrial cotidiana.
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