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La música creada por IA se vuelve indistinguible: un 97% de oyentes no detecta la diferencia

Un nuevo estudio internacional elaborado por Deezer e Ipsos revela un dato que está agitando a toda la industria musical: el 97% de los oyentes no distingue entre canciones creadas por inteligencia artificial y composiciones humanas.

El informe, basado en encuestas a 9.000 personas en ocho países, confirma que la IA está alcanzando niveles de realismo que ponen en cuestión los modelos actuales de creación, distribución y remuneración musical.

Un desafío ético y económico para la industria

La encuesta evidencia cómo la irrupción de herramientas capaces de generar canciones completas —letras, melodías, arreglos o voces sintéticas— plantea problemas de derechos de autor, propiedad intelectual y protección del talento humano.

A pesar de que la mayoría de los encuestados no logra diferenciar música sintética de la compuesta por personas, existe un deseo claro de mayor transparencia:

  • 73% quiere que se indique cuando una canción generada por IA aparece en las recomendaciones.
  • 45% pide sistemas de filtrado para excluirlas si así lo desean.
  • 40% afirma que directamente evitaría las canciones generadas por IA.
  • Un 71% reconoce sentirse sorprendido al no poder distinguir el origen de las pistas.

Estas cifras llegan en un momento en el que las plataformas están desbordadas por la producción algorítmica: en Deezer, más de 50.000 canciones diarias proceden de sistemas de IA, un tercio del total, y casi el doble respecto a abril de este mismo año.


Transparencia, etiquetado y nuevas reglas de pago

Ante este escenario, Deezer ha comenzado a etiquetar la música generada por IA, además de excluir estas pistas de las listas editoriales y las recomendaciones automáticas. También trabaja en la eliminación de reproducciones falsas para proteger la remuneración de artistas legítimos.

Su CEO, Alexis Lanternier, afirma que la creatividad humana debe ser el centro del ecosistema musical, aunque reconoce que establecer políticas de pago diferenciadas entre obras humanas y sintéticas sigue siendo un desafío complejo.

El caso de la banda virtual “The Velvet Sundown”, cuyo éxito inicial en Spotify se disparó hasta un millón de oyentes mensuales antes de conocerse su origen artificial, ha alimentado el debate sobre la transparencia.

A ello se suma la reciente resolución de un tribunal de Múnich, que determinó que ChatGPT infringió derechos de autor al reproducir letras de canciones, un fallo que OpenAI está considerando apelar y que podría marcar un precedente en Europa.


Un público dividido ante la IA en la cultura

Los resultados encajan con otros estudios recientes: según Luminate, los consumidores estadounidenses son relativamente abiertos al uso de IA en efectos visuales o procesos técnicos del cine, pero se muestran claramente reticentes a que escriba guiones o sustituya a actores reales.

En música, esa misma tensión aumenta: aunque no detecten la diferencia, muchos oyentes sí reclaman que la industria deje claro cuándo una obra es fruto de un algoritmo. El equilibrio entre innovación tecnológica, derechos autorales y sostenibilidad económica para artistas humanos se perfila como uno de los grandes debates culturales del momento.


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