
Veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos prepara una investigación sanitaria de gran alcance sobre una población que quedó en buena medida fuera de los primeros estudios: quienes eran niños, adolescentes o incluso se encontraban todavía en gestación cuando estuvieron expuestos al polvo y los contaminantes liberados tras el derrumbe del World Trade Center.
Alrededor de 25.000 menores vivían o acudían a centros educativos próximos a las Torres Gemelas en el momento de los atentados, según datos recogidos por Reuters. Muchos respiraron o estuvieron expuestos durante los días y semanas posteriores a una mezcla de polvo procedente de hormigón pulverizado, fibras de vidrio, amianto y otros contaminantes. Sin embargo, las principales investigaciones financiadas entonces por el Gobierno se concentraron fundamentalmente en los equipos de emergencia y otros adultos.
Una generación que ahora alcanza la edad adulta
La distancia temporal es precisamente uno de los motivos que hacen especialmente relevante el nuevo estudio. Quienes eran niños en 2001 tienen ahora entre treinta y cuarenta años, una etapa en la que pueden comenzar a manifestarse determinadas enfermedades crónicas cuya relación con una exposición ambiental temprana resulta difícil de estudiar sin un seguimiento epidemiológico prolongado.
Los investigadores quieren analizar, entre otros aspectos, posibles diagnósticos de cáncer, enfermedades cardiovasculares y resultados relacionados con la salud reproductiva. El objetivo no es asumir que esas patologías fueron causadas por la exposición del 11-S, sino disponer de datos suficientemente sólidos para determinar si aparecen con una frecuencia diferente a la esperable en una población comparable no expuesta.
Un estudio con grupo de comparación
El World Trade Center Health Program, administrado por el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de los CDC estadounidenses, prepara la creación de un centro coordinador específicamente dedicado a la investigación de quienes tenían 21 años o menos —o estaban en gestación— cuando se produjo su exposición relacionada con el 11-S.
Una de las claves metodológicas será la incorporación de un grupo de personas no expuestas que permita establecer comparaciones. En epidemiología, disponer de una población de referencia resulta esencial para distinguir entre enfermedades que podrían estar asociadas a una determinada exposición y aquellas cuya incidencia responde al riesgo habitual de la población general.
El proyecto contempla hasta 50 millones de dólares de financiación y se prevé que el nuevo centro pueda comenzar su actividad en julio de 2027. Los CDC ya habían anunciado en agosto de 2026 la oportunidad de financiación para el World Trade Center Youth Research Coordinating Center, concebido como un primer paso para cubrir las lagunas existentes sobre las consecuencias de las exposiciones sufridas durante las primeras etapas de la vida.
Por qué la exposición durante la infancia requiere una investigación específica
Estudiar a quienes estuvieron expuestos siendo niños no equivale simplemente a prolongar las investigaciones realizadas sobre los adultos. La infancia, la adolescencia y la gestación son etapas de desarrollo biológico y los efectos de determinados contaminantes pueden manifestarse de manera diferente o necesitar décadas para hacerse visibles.
La investigación deberá además reconstruir con la mayor precisión posible dónde se encontraba cada participante, durante cuánto tiempo permaneció en las zonas afectadas y qué nivel de exposición pudo experimentar. Un cuarto de siglo después, localizar a los potenciales participantes y obtener información fiable sobre aquellas circunstancias constituye uno de los grandes desafíos del proyecto.
El legado sanitario del World Trade Center
Los efectos sanitarios del 11-S no terminaron con las operaciones de rescate. El World Trade Center Health Program proporciona actualmente seguimiento médico y tratamiento relacionado con el 11-S a miembros de los equipos de respuesta y supervivientes, incluidos quienes eran niños, adolescentes o estudiantes en aquel momento.
La investigación acumulada durante estos años ha permitido conocer mejor diferentes consecuencias asociadas a las exposiciones del World Trade Center, pero la información disponible sobre quienes las sufrieron a edades tempranas continúa siendo comparativamente limitada. Los propios CDC reconocen que una investigación adicional es necesaria para comprender los posibles efectos sobre esta población.
Una investigación que puede servir para futuras catástrofes
El valor del estudio puede extenderse más allá de Nueva York. Comprender qué ocurre décadas después de una exposición ambiental masiva durante la infancia puede ayudar a diseñar mejores protocolos de seguimiento tras incendios, accidentes industriales, conflictos armados y otras catástrofes que liberan contaminantes sobre zonas habitadas.
La investigación necesitará años para ofrecer resultados concluyentes. Su importancia reside precisamente en recuperar una cohorte que durante demasiado tiempo permaneció en segundo plano y aplicar ahora herramientas epidemiológicas capaces de determinar qué huella sanitaria, si la hubo, dejó aquella nube tóxica sobre quienes la respiraron al comienzo de sus vidas.
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