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La NASA prepara una nueva era nuclear en el espacio: reactores en la Luna y propulsión para viajar más lejos

Recreación artística de la nave nuclear Space Reactor-1 Freedom de la NASA aproximándose a Marte
Concepto artístico de Space Reactor-1 Freedom junto a Marte. Imagen: NASA.

La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos han firmado un acuerdo para acelerar el desarrollo de reactores nucleares y sistemas de propulsión destinados a la exploración espacial. El memorando, presentado el 8 de octubre de 2026, refuerza la cooperación entre ambas instituciones con un objetivo ambicioso: proporcionar energía a futuras instalaciones en la Luna y demostrar el uso de la fisión nuclear para impulsar naves hacia Marte y otros destinos lejanos.

La iniciativa combina dos proyectos principales. El primero es Space Reactor-1 Freedom (SR-1), una nave experimental cuyo lanzamiento está previsto para finales de 2028. El segundo, Lunar Reactor-1 (LR-1), busca suministrar electricidad a una futura base lunar incluso durante los prolongados periodos sin luz solar. Se trata de programas en desarrollo, no de reactores ya instalados o sistemas de propulsión operativos.

Un acuerdo que abarca desde el combustible hasta las operaciones en el espacio

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, y el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, firmaron el memorando de entendimiento durante un encuentro celebrado en Washington. El documento, denominado Accelerating American Leadership in Space Nuclear Power and Propulsion, entrará en vigor el 1 de noviembre de 2026.

La cooperación contempla la investigación tecnológica, la producción de combustible, los ensayos, la integración de los sistemas en los vehículos de lanzamiento y su posterior funcionamiento en el espacio. La NASA insiste en que la seguridad debe ser un principio transversal de todas las fases.

La agencia describe este cambio como el comienzo de una nueva etapa de exploración nuclear, en la que los reactores de fisión permitirían sostener misiones más prolongadas y equipar naves e instrumentos con una capacidad energética superior a la de muchas soluciones convencionales.

Por qué la Luna necesita energía durante sus largas noches

Uno de los principales obstáculos para establecer una presencia humana duradera en la Luna es la disponibilidad de electricidad. En muchas regiones de su superficie, los periodos de oscuridad pueden prolongarse durante aproximadamente 14 días terrestres. Los paneles solares dejan entonces de generar energía y resulta necesario recurrir a sistemas de almacenamiento u otras fuentes.

La situación es especialmente compleja en las áreas cercanas al polo sur lunar, donde la iluminación depende de la topografía y existen regiones permanentemente sombreadas. Estas zonas son relevantes para la exploración porque podrían albergar depósitos de hielo de agua.

El proyecto Lunar Reactor-1 persigue desarrollar un sistema de fisión capaz de proporcionar electricidad de forma continua a las infraestructuras de una futura base. La energía sería necesaria para mantener hábitats, comunicaciones, instrumentos científicos, vehículos de exploración y equipos destinados a utilizar recursos locales.

Una orden ejecutiva estadounidense de diciembre de 2025 fijó el objetivo de disponer de un reactor de superficie lunar preparado para su lanzamiento en 2030. La fecha constituye una meta de desarrollo y no equivale a una instalación confirmada en la Luna para ese año.

Space Reactor-1 Freedom: un ensayo nuclear rumbo a Marte

Antes de intentar desplegar un reactor sobre la superficie lunar, la NASA quiere probar esta tecnología durante una misión interplanetaria. Space Reactor-1 Freedom está concebida como una nave de demostración de propulsión nuclear eléctrica que viajará hacia Marte.

La agencia sitúa su lanzamiento a finales de 2028, con una llegada prevista a las proximidades del planeta rojo en 2029. La misión serviría para demostrar el funcionamiento de un reactor de fisión y de un sistema de propulsión eléctrica durante un viaje más allá de la órbita terrestre.

Según la ficha técnica publicada por la NASA, la nave tendría una masa aproximada de 12.000 kilogramos, utilizaría combustible de uranio de bajo enriquecimiento y alto ensayo (HALEU), incorporaría un sistema de conversión energética de ciclo Brayton cerrado de 20 kilovatios eléctricos y emplearía propulsores Hall de 12 kilovatios. Son características del diseño anunciado, sujetas a la evolución del programa.

Tres helicópteros para explorar Marte

Space Reactor-1 Freedom no se limitará a probar la tecnología nuclear. La NASA prevé transportar el conjunto científico SkyFall, integrado por tres helicópteros marcianos inspirados en el pequeño Ingenuity, que demostró por primera vez el vuelo controlado de una aeronave en otro planeta.

Los nuevos aparatos están concebidos para estudiar posibles zonas de exploración, registrar condiciones atmosféricas y buscar indicios de hielo de agua bajo la superficie mediante instrumentos de radar y cámaras. La NASA plantea su despliegue durante la llegada a Marte, aunque el resultado dependerá de superar los desafíos técnicos y operativos de la misión.

La información obtenida podría ayudar a identificar lugares de interés para futuras misiones robóticas y humanas. Por tanto, SR-1 combina una demostración tecnológica con objetivos científicos concretos.

Propulsión nuclear térmica y eléctrica: dos tecnologías diferentes

Aunque ambas utilizan energía nuclear, existen diferencias importantes entre los principales conceptos de propulsión estudiados para el espacio.

La propulsión nuclear térmica emplea un reactor para calentar un fluido, que se expulsa a gran velocidad y genera empuje. Su atractivo reside en la posibilidad de ofrecer un impulso específico superior al de muchos sistemas químicos, manteniendo una capacidad de aceleración relativamente elevada.

La propulsión nuclear eléctrica, elegida para Space Reactor-1 Freedom, utiliza la energía del reactor para producir electricidad. Esa electricidad alimenta motores que aceleran partículas cargadas y generan empuje. Normalmente ofrecen un empuje reducido, pero pueden funcionar durante largos periodos con un consumo eficiente de propelente.

No debe confundirse esta tecnología con un cohete nuclear que despegue desde la Tierra. Los vehículos espaciales siguen necesitando sistemas de lanzamiento adecuados para alcanzar el espacio, y las pruebas de propulsión nuclear plantean requisitos específicos de seguridad y autorización.

La energía nuclear ya se utiliza en algunas misiones espaciales

La NASA dispone de décadas de experiencia en el empleo de sistemas nucleares, aunque no todos funcionan mediante reactores de fisión. Diversas sondas y vehículos de exploración utilizan generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG), que transforman el calor producido por la desintegración radiactiva en electricidad.

Estos generadores no mantienen una reacción de fisión en cadena y proporcionan potencias relativamente modestas, pero resultan útiles cuando la luz solar es insuficiente o las condiciones ambientales son extremas.

La misión Dragonfly, destinada a Titán —una de las lunas de Saturno— y prevista para su lanzamiento en 2028, utilizará un generador de radioisótopos y unidades calefactoras para alimentar y mantener a temperatura adecuada sus instrumentos. La NASA también prevé colaborar con la Agencia Espacial Europea aportando unidades calefactoras al vehículo marciano Rosalind Franklin.

Los desafíos: seguridad, costes y funcionamiento a largo plazo

Desarrollar reactores nucleares para el espacio requiere resolver problemas que no se presentan del mismo modo en las centrales terrestres. Los sistemas deben soportar las vibraciones del lanzamiento, trabajar en vacío o en condiciones ambientales extremas y gestionar el calor sin recurrir a los métodos de refrigeración habituales en la Tierra.

También deben diseñarse mecanismos de protección radiológica, procedimientos seguros de transporte y lanzamiento, sistemas de control fiables y estrategias para afrontar averías durante misiones que pueden durar años.

A ello se añaden el coste del desarrollo, la fabricación de combustible especializado y la necesidad de coordinar normas entre instituciones científicas, energéticas y reguladoras. El acuerdo entre la NASA y el Departamento de Energía busca precisamente integrar esas capacidades.

Una tecnología que podría transformar la exploración del sistema solar

Si los proyectos alcanzan sus objetivos, la energía nuclear permitiría operar instalaciones científicas y humanas en lugares donde la luz solar resulta insuficiente. En la Luna, contribuiría a mantener una base durante la oscuridad; en el espacio profundo, podría proporcionar electricidad y propulsión a misiones de larga duración.

No obstante, la NASA todavía debe demostrar la viabilidad de estas soluciones en condiciones reales. El calendario de 2028 para Space Reactor-1 Freedom y la meta de 2030 para un reactor lunar preparado para el lanzamiento son objetivos sujetos a avances tecnológicos, financiación y pruebas de seguridad.

La firma del memorando supone, por tanto, un paso institucional relevante hacia la utilización de la fisión nuclear como infraestructura de exploración. Su trascendencia no radica en que existan ya centrales nucleares en la Luna, sino en la decisión de desarrollar la tecnología que podría hacerlas posibles.

Fuentes: NASA, comunicado oficial del 8 de octubre de 2026; NASA, ficha de Space Reactor-1 Freedom; NASA, Space Reactors Division.


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