Hardware & Software

Un museo español resucita el legendario Cray-1 utilizando 30 Mac mini que parecían obsoletos

Cray-1 original del Computer History Museum fotografiado en 2007
El Cray-1 original, conservado en el Computer History Museum. Fotografía: Ed Toton / NecroBones, dominio público, Wikimedia Commons. No corresponde a la réplica de Cáceres.

El Museo de Historia de la Computación de Majadas de Tiétar, en la provincia de Cáceres, ha presentado una réplica a tamaño real del legendario Cray-1, uno de los superordenadores más influyentes del siglo XX. Su aspecto reproduce el equipo que revolucionó el cálculo científico en 1976, pero su interior guarda una sorpresa: 30 ordenadores Mac mini de Apple de hace más de una década, conectados para funcionar conjuntamente.

El proyecto ha requerido aproximadamente 18 meses de trabajo y reúne historia de la informática, ingeniería y reutilización de dispositivos. Su presentación en septiembre de 2026 ha adquirido repercusión internacional durante octubre, después de que medios como Ars Technica, AppleInsider y Tom’s Hardware se hicieran eco de la iniciativa extremeña.

Según la información facilitada por el museo, el conjunto llegó a alcanzar 1,5 teraFLOPS de capacidad de cálculo. Pruebas posteriores citadas por medios especializados sitúan el rendimiento alrededor de 1,3 teraFLOPS con 64 núcleos activos. Estas cifras ilustran el progreso de la informática, aunque no deben confundirse con un resultado certificado mediante las mismas pruebas utilizadas para evaluar superordenadores actuales.

El Cray-1: un icono de la supercomputación de 1976

El Cray-1 fue desarrollado bajo la dirección del ingeniero estadounidense Seymour Cray y presentado en 1976. Su diseño introdujo una arquitectura orientada al procesamiento vectorial, especialmente adecuada para operaciones matemáticas repetitivas sobre grandes conjuntos de datos.

A diferencia de los ordenadores personales que empezaban a surgir durante aquella década, el Cray-1 estaba concebido para centros de investigación y organizaciones que necesitaban resolver problemas científicos de enorme complejidad.

Entre las aplicaciones históricas de la supercomputación se encontraban la modelización atmosférica, los cálculos físicos, la investigación aeronáutica y las simulaciones numéricas. En estos ámbitos, la velocidad de procesamiento podía determinar si un experimento computacional resultaba viable.

El Cray-1 alcanzaba un rendimiento máximo teórico de aproximadamente 160 megaFLOPS, es decir, 160 millones de operaciones de coma flotante por segundo. Era una cifra extraordinaria para su época, aunque hoy resulta modesta frente a las capacidades de equipos mucho más pequeños.

Una forma de C que tenía una explicación técnica

La característica silueta del Cray-1 es uno de los elementos más reconocibles de la historia de los ordenadores. Su cuerpo cilíndrico abierto, semejante a una letra C, estaba rodeado por una estructura baja que podía recordar a un banco.

Aquella disposición no respondía únicamente a una decisión estética. Acortar las conexiones entre los componentes ayudaba a reducir los tiempos de propagación de las señales eléctricas, una consideración crucial cuando se buscaba elevar la velocidad de cálculo.

La refrigeración también representaba un reto importante. Las máquinas de alto rendimiento concentraban numerosos componentes electrónicos y necesitaban soluciones específicas para disipar el calor producido durante su funcionamiento.

La réplica de Majadas de Tiétar reproduce esa silueta a escala real, aunque sustituye los componentes históricos por una arquitectura distribuida mucho más reciente.

Treinta Mac mini para construir una sola máquina

El corazón de la instalación extremeña está formado por 30 Mac mini de la generación de 2012, con distintas configuraciones de procesadores Intel. Los equipos se conectan entre sí para trabajar como un clúster de computación.

En este tipo de sistema, varios ordenadores independientes colaboran para ejecutar tareas que pueden repartirse entre múltiples procesadores. Cada equipo aporta sus propios recursos, mientras que el software coordina el trabajo y el intercambio de información.

La iniciativa no reproduce internamente la arquitectura vectorial original del Cray-1. Se trata de una recreación de su aspecto exterior que incorpora un sistema informático funcional de tecnología posterior. Esa distinción es importante para comprender el valor del proyecto.

La elección de ordenadores antiguos permite además demostrar que dispositivos considerados obsoletos para determinados usos domésticos todavía pueden desempeñar funciones útiles en entornos educativos y experimentales.

De macOS a la computación distribuida

Según los detalles técnicos publicados por Tom’s Hardware, el sistema utiliza macOS Mojave y herramientas de comunicación entre procesos, entre ellas el estándar MPI (Message Passing Interface), ampliamente empleado en computación paralela.

MPI permite que distintas tareas distribuidas entre ordenadores intercambien mensajes y coordinen operaciones. De este modo, una carga de trabajo puede dividirse en partes y ejecutarse sobre múltiples nodos.

No todos los programas obtienen ventajas al ejecutarse en un clúster. Las aplicaciones deben estar diseñadas para aprovechar el paralelismo y minimizar el coste de transmitir información entre máquinas. Por eso, sumar la potencia de varios ordenadores no equivale automáticamente a multiplicar por ese número la velocidad de cualquier aplicación.

La instalación funciona como demostración práctica de estos principios, con una arquitectura que resulta accesible para explicar cómo trabajan las infraestructuras de cálculo distribuido.

Ordenador Apple Mac mini de una generación anterior, imagen de archivo
Imagen de archivo de un Mac mini antiguo. No muestra necesariamente uno de los 30 equipos instalados en la réplica extremeña.

¿Es realmente más potente que el Cray-1 original?

Si se comparan directamente los valores anunciados, 1,5 teraFLOPS equivalen a 1.500.000 megaFLOPS. Frente a los 160 megaFLOPS teóricos del Cray-1, la diferencia sería de unas 9.375 veces.

La comparación resulta espectacular, pero requiere una precisión metodológica: los resultados proceden de arquitecturas, condiciones de medición y cargas de trabajo diferentes. Los valores históricos suelen describir capacidades máximas teóricas, mientras que los obtenidos por el museo responden a sus propias pruebas.

Además, la cifra comunicada inicialmente por el museo fue de 1,5 teraFLOPS, mientras que algunas pruebas posteriores se situaron alrededor de 1,3 teraFLOPS tras quedar un nodo fuera de servicio. Por tanto, no debe presentarse una única medición como rendimiento constante y universal del sistema.

Pese a estas reservas, la idea central permanece: ordenadores personales fabricados varias décadas después pueden superar ampliamente, en determinadas operaciones, el rendimiento de una máquina que fue excepcional en 1976.

Una réplica con los colores de Extremadura

El museo ha personalizado el exterior de la máquina con los colores verde, blanco y negro, inspirados en la bandera de Extremadura. Así, la reproducción conserva la geometría del Cray-1 y, al mismo tiempo, incorpora una identidad vinculada al territorio donde se ha construido.

La iniciativa tiene también una dimensión cultural. Majadas de Tiétar, una localidad de la provincia de Cáceres, se ha convertido en escenario de un proyecto capaz de despertar interés entre aficionados a la informática de distintos países.

La repercusión internacional pone de relieve el papel que pueden desempeñar los museos especializados en la conservación del patrimonio tecnológico, especialmente cuando combinan piezas históricas con demostraciones que permiten comprender su funcionamiento.

Refrigeración pasiva y una consola de control de estilo retro

Los 30 Mac mini se integran en una estructura que favorece la disipación del calor mediante convección natural, soportes de aluminio y un chasis metálico. Según la información difundida por el museo, el sistema puede funcionar sin el ruido que suele asociarse a las grandes instalaciones de servidores.

El proyecto incluye una consola de control con tres pantallas y estética clásica, diseñada para supervisar el funcionamiento del clúster.

Desde ese entorno también es posible controlar otros dos equipos Cray CX1 auténticos conservados en la colección del museo. Una Raspberry Pi con software de emulación complementa el conjunto, permitiendo acercarse a sistemas de distintas generaciones.

Esta combinación ofrece un recorrido pedagógico por varias etapas de la computación: desde los grandes superordenadores históricos hasta los ordenadores compactos y la emulación de plataformas antiguas.

La reutilización de hardware como herramienta educativa

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es el aprovechamiento de ordenadores que ya no representan la última generación de Apple. En vez de desecharlos, el museo los ha incorporado a una instalación con una finalidad técnica y divulgativa.

La reutilización puede prolongar la vida útil de los dispositivos y reducir la necesidad de fabricar equipos nuevos para determinados usos. Sin embargo, no toda reutilización implica automáticamente un menor impacto ambiental: también influyen el consumo eléctrico, el mantenimiento y la eficiencia del hardware.

En este caso, el valor principal reside en mostrar que equipos de generaciones anteriores pueden adquirir nuevas funciones cuando se combinan con conocimientos de redes, programación y arquitectura de sistemas.

Un homenaje compartido a Cray y Apple

La presentación de la réplica coincide con un aniversario doble. En 1976 se presentó el Cray-1 y también se fundó Apple, una empresa que acabaría desempeñando un papel fundamental en la popularización de la informática personal.

Cincuenta años después, ambos mundos convergen en una instalación singular: la carcasa de un superordenador que simbolizaba la computación de élite y un conjunto de ordenadores personales compactos que, pese a su antigüedad, permiten realizar cálculos distribuidos.

La coincidencia histórica convierte el proyecto en una herramienta especialmente eficaz para explicar la evolución del sector, desde las máquinas reservadas a grandes centros de investigación hasta la disponibilidad generalizada de procesadores de gran capacidad.

Una demostración que ha cruzado fronteras

La instalación fue presentada públicamente en Majadas de Tiétar el 26 de septiembre de 2026. El museo anunció también una demostración remota vinculada a un encuentro organizado en Turín por el Museo Piamontés de Informática, con la participación prevista de su director, Carlos Izquierdo, el 3 de octubre.

El planteamiento permitía mostrar a distancia el funcionamiento del clúster, sin necesidad de trasladar físicamente la estructura. Esta dimensión internacional se ha reforzado con la atención posterior de publicaciones especializadas.

La réplica no pretende competir con los superordenadores actuales, cuya potencia y eficiencia pertenecen a otra escala. Su mérito es diferente: hacer visible medio siglo de progreso informático mediante una máquina que funciona y que puede explicarse al público.

El pasado de la informática, convertido en una experiencia presente

La iniciativa extremeña demuestra que conservar la historia tecnológica no significa limitarse a exhibir dispositivos apagados. La reconstrucción del Cray-1 combina una pieza de ingeniería reconocible con un sistema de computación distribuida construido a partir de hardware reutilizado.

Los 30 Mac mini no son un Cray-1 en sentido técnico, pero permiten que su icónica silueta vuelva a albergar una máquina capaz de realizar cálculos. El resultado constituye una forma original de conectar generaciones, despertar vocaciones y explicar cómo ha cambiado la informática desde 1976.

Fuentes: Europa Press, 26 de septiembre de 2026; Microsiervos, 25 de septiembre de 2026; AppleInsider, 10 de octubre de 2026; Tom’s Hardware, 11 de octubre de 2026; Wikimedia Commons, fotografía histórica del Cray-1 original.


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