
La segunda parte de la epopeya cinematográfica de Villeneuve ha buscado revolucionar el cine, mediante asientos vibratorios para una experiencia sensorial sin precedentes.
La expectación por «Dune. Parte 2» ya era alta, dada la aclamación crítica y el éxito de audiencia de su predecesora, pero lo que los espectadores no esperaban era que la película literalmente los moviera, en el sentido más físico de la palabra. En una proyección de prensa en un AMC del área de Atlanta, la experiencia fue más allá de lo visual y auditivo, al activar los asientos con tecnología háptica que replicaba las turbulencias y emociones de la trama en tiempo real. Esta innovación no es meramente un truco; es una extensión de la visión de Denis Villeneuve para una inmersión total en el universo de ciencia ficción creado por Frank Herbert.
La decisión inicial de ver «Dune Parte 2» en un Dolby Cinema de AMC estaba motivada por la promesa de una experiencia visual y auditiva superior, con proyectores Dolby Vision de doble láser y sonido envolvente Atmos. Lo que no se anticipaba era el nivel de integración física que estos asientos ofrecerían. La tecnología de transductores de ruido, integrada en cada asiento reclinable, transformó cada secuencia de la película en una experiencia física palpable, desde el zumbido de las naves espaciales hasta el estruendo de los gusanos de arena de Arrakis.
Esta experiencia ha redefinido lo que significa «ver» una película. Para aquellos acostumbrados a los cines tradicionales, la sensación de vibración y movimiento sincronizado con la acción en pantalla podría compararse a un masaje intenso, dejando al espectador no solo emocionalmente sino físicamente conectado con la película. Es una confirmación de que, aunque la tecnología IMAX sigue siendo el estándar dorado para la visualización cinematográfica —especialmente para películas filmadas específicamente para este formato, como es el caso de «Dune Parte 2″—, los Dolby Cinema de AMC ofrecen una alternativa singularmente envolvente.
La tecnología detrás de estos asientos hápticos no busca simplemente sorprender al espectador con efectos físicos, sino complementar la narrativa visual y sonora de la película, creando una experiencia cinematográfica holística. Este enfoque puede ser especialmente efectivo en películas como «Dune Parte 2», donde la escala épica y los detallados paisajes sonoros, cortesía de Hans Zimmer, juegan un papel crucial en la inmersión del espectador en el mundo de la película.
Denis Villeneuve ha logrado no solo continuar la historia de Paul Atreides con una fidelidad impresionante al material original, sino también expandir el alcance de lo que se puede esperar de la experiencia cinematográfica. La integración de efectos hápticos es testimonio de su visión de una película que no solo se ve y se escucha, sino que también se siente. Este enfoque marca un punto de inflexión para la industria cinematográfica, demostrando que la innovación tecnológica, cuando se utiliza de manera considerada, puede enriquecer profundamente la narrativa fílmica.
«Dune Parte 2» no es solo una secuela digna de su predecesora en términos de narrativa y espectáculo visual; es una pionera en la forma en que integra la tecnología para crear una experiencia cinematográfica completamente inmersiva. Para los espectadores, es una invitación a explorar el cine de una manera nueva y emocionante, donde las fronteras entre la historia, el sonido, y el tacto se difuminan, llevando la inmersión narrativa a nuevas alturas. Villeneuve ha convertido no solo el vasto desierto de Arrakis, sino también el mismo cine, en un terreno inexplorado de posibilidades sensoriales.
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