
La empresa neozelandesa Vessev está desarrollando una nueva generación de ferris eléctricos que utilizan hidroalas —hydrofoils— para elevar prácticamente todo el casco sobre el agua cuando alcanzan velocidad. El objetivo es reducir la resistencia y, con ella, la cantidad de energía necesaria para transportar pasajeros por mar.
La propuesta combina una tecnología conocida desde hace décadas con motores eléctricos, baterías, sensores y sistemas modernos de control. El resultado son embarcaciones que, una vez alcanzado su régimen de navegación, parecen desplazarse unos centímetros por encima del mar.
El problema de empujar un barco contra el agua
Electrificar un automóvil resulta relativamente sencillo desde el punto de vista conceptual: se sustituyen el motor de combustión y el depósito por motores eléctricos y baterías. En un barco aparece una dificultad adicional. El agua ofrece una resistencia considerablemente mayor que el aire y esa resistencia obliga a consumir mucha energía para mantener velocidades elevadas.
Esto resulta especialmente problemático con baterías. Añadir más capacidad aumenta la autonomía, pero también incrementa el peso de la embarcación. Y cuanto mayor es el peso que debe desplazarse sobre el agua, más energía vuelve a necesitarse.
Vessev intenta romper ese círculo modificando la propia forma en la que navega el barco.
La solución está debajo del agua
Las hidroalas funcionan de una manera conceptualmente parecida a las alas de un avión. Debajo de la embarcación se instalan unas superficies que, cuando aumenta la velocidad, generan sustentación. El casco comienza entonces a elevarse hasta quedar prácticamente fuera del agua.
La embarcación ya no necesita empujar continuamente un casco completo contra el mar. Solo permanecen sumergidas las hidroalas y los elementos de propulsión. La resistencia disminuye y con ella también lo hace el consumo energético.
De ahí la peculiar apariencia de estos barcos: cuando alcanzan su régimen de navegación parecen volar unos centímetros por encima del mar.
De la America’s Cup al transporte de pasajeros
Vessev tiene además un origen ligado a la ingeniería de alto rendimiento. La empresa fue fundada por antiguos integrantes vinculados a Team New Zealand y al sector tecnológico, trasladando al transporte comercial conocimientos desarrollados alrededor de embarcaciones de hidroalas.
La tecnología que ha permitido a los espectaculares barcos de competición elevarse sobre el agua empieza así a trasladarse al transporte de pasajeros. El objetivo ya no consiste en ganar una regata, sino en reducir el consumo energético de un ferry que realiza el mismo recorrido varias veces al día.
El VS-9 ya transporta pasajeros
El primer modelo comercial de la compañía, denominado VS-9, no es únicamente un prototipo experimental. Se trata de una embarcación eléctrica de aproximadamente nueve metros concebida para transportar pasajeros.
Su utilización permite obtener datos reales sobre consumo, autonomía, mantenimiento y comportamiento en diferentes condiciones marítimas. La empresa pretende emplear esa experiencia para desarrollar embarcaciones progresivamente mayores.
El siguiente paso será mucho más grande
Una pequeña embarcación eléctrica puede funcionar en trayectos cortos, pero sustituir ferris convencionales exige transportar decenas o incluso centenares de pasajeros. Vessev trabaja en embarcaciones de mayor tamaño que utilizarán el mismo principio: reducir primero la cantidad de energía necesaria para navegar y electrificar después la propulsión.
Es una estrategia diferente a instalar simplemente baterías cada vez mayores.
Las baterías dejan de ser el único problema
Esta filosofía tiene implicaciones interesantes para todo el transporte eléctrico. Con frecuencia se intenta aumentar la autonomía incrementando la capacidad de las baterías. Pero existe otra posibilidad: diseñar vehículos que necesiten menos energía para recorrer la misma distancia.
En un automóvil eso significa mejorar aerodinámica, neumáticos, motores o peso. En un barco puede significar algo mucho más radical: sacar el propio barco del agua.
Una vieja tecnología encuentra su momento
Las hidroalas no son nuevas. Existen desde hace décadas y durante el siglo XX ya hubo ferris comerciales que utilizaron este principio. Lo que ha cambiado es el ecosistema tecnológico que las rodea.
Los motores eléctricos permiten un control muy preciso de la propulsión; los sensores pueden medir constantemente la posición de la embarcación; los sistemas electrónicos pueden ajustar las hidroalas para mantener estabilidad; y las baterías proporcionan una fuente de energía adecuada para rutas relativamente cortas.
Tecnologías conocidas desde hace mucho tiempo pueden adquirir así una nueva utilidad cuando se combinan con electrónica y propulsión modernas.
Electrificar el mar puede exigir barcos diferentes
La transición del motor de combustión al eléctrico no tiene por qué limitarse a sustituir una fuente de energía por otra. En determinados medios de transporte puede obligar a replantear completamente el vehículo.
Si proyectos como el de Vessev consiguen escalar, el ferry eléctrico del futuro quizá no sea simplemente el mismo barco equipado con baterías. Puede que sea un vehículo que, para gastar mucha menos electricidad, deje de navegar sobre el agua y empiece a volar justo encima de ella.
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