
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 ha reconocido a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por los descubrimientos que hicieron posible la optogenética, una técnica capaz de utilizar la luz para activar o inhibir células nerviosas concretas. La herramienta ha transformado la neurociencia al permitir estudiar con una precisión inédita cómo funcionan determinados circuitos del cerebro.
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska ha distinguido a los tres investigadores por sus «descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y la optogenética». El avance permite, en términos simplificados, instalar una suerte de interruptor luminoso en determinadas neuronas y observar qué ocurre cuando se encienden o se apagan.
Todo comenzó estudiando cómo unas algas reaccionaban a la luz
La historia del descubrimiento constituye un ejemplo de cómo la investigación básica puede terminar generando aplicaciones completamente inesperadas. A comienzos de la década de 1990, Hegemann investigaba cómo el alga Chlamydomonas era capaz de reaccionar a la luz en apenas una fracción de segundo.
Su hipótesis era que una misma proteína podía captar la luz y funcionar como canal de iones. La colaboración con Nagel condujo a la identificación de la canalrodopsina-2, un canal iónico sensible a la luz.
En 2003, Nagel y Hegemann demostraron que esta proteína podía introducirse en células humanas para generar impulsos eléctricos mediante luz. Dos años después, Deisseroth aplicó el principio a neuronas de rata. En 2006, la nueva metodología recibió el nombre por el que hoy se conoce: optogenética.
Cómo se puede encender y apagar una neurona con luz
La optogenética combina genética y óptica. Los investigadores consiguen que determinadas células nerviosas expresen proteínas sensibles a la luz. Cuando esas proteínas reciben iluminación de una longitud de onda adecuada, modifican la actividad eléctrica de la neurona.
Esto permite actuar sobre grupos celulares muy concretos sin estimular indiscriminadamente grandes regiones cerebrales. Los científicos pueden observar después cómo cambia el comportamiento o la actividad cerebral y establecer relaciones entre determinados circuitos neuronales y funciones específicas.
De mover los bigotes de un ratón a estudiar la memoria
Deisseroth utilizó la optogenética para controlar el movimiento de los bigotes de ratones mediante la activación de células nerviosas específicas de la corteza motora. También consiguió despertar animales dormidos estimulando mediante luz determinadas neuronas relacionadas con la vigilia.
Desde entonces, la técnica ha permitido investigar circuitos vinculados con emociones, comportamiento, aprendizaje y memoria. En modelos animales se ha llegado a intervenir sobre recuerdos y a estudiar con un nivel de precisión antes imposible qué poblaciones neuronales participan en determinados procesos cerebrales.
Alzhéimer, Parkinson, epilepsia y adicciones
Una de las consecuencias más importantes de esta capacidad es la posibilidad de estudiar enfermedades neurológicas y psiquiátricas desde una perspectiva diferente. Actualmente se utilizan modelos animales para investigar mediante optogenética trastornos como Alzhéimer, Parkinson, epilepsia, esquizofrenia y adicciones.
La técnica ayuda a determinar qué células están activas o alteradas en esos modelos y proporciona pistas sobre dónde buscar posteriormente en el cerebro humano. Sin embargo, existe una diferencia esencial entre utilizar optogenética como herramienta de investigación y convertirla en un tratamiento disponible para pacientes.
Una revolución científica que todavía busca convertirse en terapia
Las posibles aplicaciones médicas se encuentran todavía en fases de desarrollo. Los investigadores estudian, entre otras posibilidades, la restauración de visión en personas con retinitis pigmentosa mediante la introducción de proteínas sensibles a la luz en la retina.
También se investiga si el principio podría mejorar los implantes cocleares, permitiendo estimular el nervio auditivo con mayor precisión que los dispositivos eléctricos actuales. Existen además programas experimentales relacionados con diferentes trastornos neurológicos y psiquiátricos.
El Nobel no significa, por tanto, que exista ya una terapia optogenética generalizada para las enfermedades cerebrales. Reconoce fundamentalmente una herramienta que ha cambiado la forma en la que los científicos pueden estudiar el sistema nervioso y que podría abrir nuevas vías terapéuticas en el futuro.
Un descubrimiento que une biología básica, luz y cerebro
La trayectoria que conduce al Nobel de 2026 resulta especialmente ilustrativa. Una pregunta aparentemente elemental sobre la reacción de unas algas a la luz terminó proporcionando una tecnología capaz de manipular experimentalmente circuitos neuronales en un cerebro vivo.
La investigación de Hegemann y Nagel proporcionó el mecanismo biológico. Deisseroth demostró después cómo utilizarlo para intervenir sobre las neuronas. La combinación abrió una nueva etapa en neurociencia.
Los tres investigadores compartirán los 12 millones de coronas suecas del Premio Nobel de Medicina 2026. Más allá de la dotación económica, el galardón reconoce una idea que parecía improbable hace apenas unas décadas: utilizar luz para encender y apagar selectivamente la actividad de las células con las que funciona el cerebro.
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