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¿Estamos dejando escapar el potencial de la tecnología para mejorar la salud mental?

Créditos TecnoAp21

A pesar de los avances tecnológicos en la salud mental, aún no se están aprovechando por completo. Desde chatbots hasta aplicaciones de terapia virtual, la tecnología ha mostrado su capacidad para mejorar el tratamiento de enfermedades mentales, pero su uso sigue siendo limitado.

La tecnología ha sido una parte crucial del avance en la atención de la salud mental desde los años 50. A lo largo de las décadas, diversas herramientas han mostrado su potencial, pero aún no se ha logrado una adopción a gran escala, dejando muchas oportunidades sin explotar.

Los primeros avances en la telesalud mental.

La historia de la telesalud mental comenzó en 1957, cuando la doctora Reba Benschoter utilizó la videoconferencia para ayudar a los médicos de un hospital remoto. Este innovador uso de la tecnología estableció las bases de lo que hoy llamamos telesalud mental. Incluso antes de esto, el teléfono ya se utilizaba para apoyar a personas con pensamientos suicidas.

Más tarde, en 1966, el científico Joseph Weisembaum creó el chatbot ELIZA, una de las primeras inteligencias artificiales diseñadas para conversar con los usuarios. ELIZA simulaba las respuestas humanas, ofreciendo un enfoque muy parecido a la terapia centrada en el cliente propuesta por Carl Rogers.

En los años 90, la tecnología avanzaba rápidamente y comenzaron a desarrollarse terapias autoguiadas mediante ordenadores, lo que permitió a los pacientes manejar su ansiedad y otras afecciones sin necesidad de contacto directo con un profesional.

La pandemia de COVID-19 y el auge de la teleterapia.

El cambio real llegó con la pandemia de COVID-19 en 2019. De un día para otro, los profesionales de la salud mental se vieron obligados a trasladar sus servicios a plataformas tecnológicas, utilizando videoconferencias y teléfonos para atender a los pacientes. Durante este periodo, alrededor del 90 % del trabajo en salud mental se realizó de forma remota.

Esta adopción masiva de la tecnología mostró que era posible seguir ofreciendo tratamientos efectivos a distancia. Sin embargo, una vez superada la crisis, muchos volvieron a las prácticas anteriores, desaprovechando las herramientas tecnológicas que demostraron ser útiles.

El potencial de las aplicaciones y las tecnologías emergentes.

Hoy en día, en algunos países se pueden recetar aplicaciones como si fueran medicamentos. En lugares como Alemania, Brasil e Inglaterra, la tecnología ha sido reconocida como una herramienta útil para evaluar y tratar trastornos de ansiedad y depresión. Estas aplicaciones permiten a los pacientes responder a cuestionarios que evalúan su estado de ánimo o síntomas y se conectan directamente con los profesionales de salud.

Además, la realidad virtual ha demostrado ser efectiva en el tratamiento de fobias y trastornos de estrés postraumático, y los chatbots basados en inteligencia artificial han sido útiles para reducir los síntomas de depresión a corto plazo.

¿Qué está frenando la adopción de la tecnología?.

A pesar de todas estas ventajas, el uso de la tecnología en la salud mental sigue siendo bajo. La falta de formación específica y políticas claras que faciliten su implementación está frenando su expansión. Además, los profesionales de la salud mental a menudo no están preparados para lidiar con los cambios que conllevan estas herramientas.

Para aprovechar al máximo las nuevas tecnologías, es necesario un cambio en el modelo de atención, que debe incluir leyes y políticas de apoyo, así como una mejor formación para los profesionales del sector. Hasta que eso ocurra, las tecnologías seguirán siendo una oportunidad desaprovechada.

Fuente: The Conversation


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