
Fabricantes de chips, proveedores tecnológicos y marcas de automoción refuerzan sus colaboraciones para impulsar la conducción autónoma tras años de retrasos y proyectos fallidos. La inteligencia artificial emerge como un factor clave para reducir costes y acelerar el desarrollo, aunque persisten dudas sobre la viabilidad comercial a gran escala.
Un sector marcado por expectativas y repliegues
La evolución de la conducción autónoma ha estado acompañada, desde sus inicios, por promesas ambiciosas y resultados desiguales. Convertir esta tecnología en un sistema seguro, fiable y económicamente viable para vías públicas ha demostrado ser más complejo de lo previsto. Como consecuencia, algunos fabricantes tradicionales han optado por abandonar sus desarrollos internos, priorizando la contención de costes frente a inversiones de alto riesgo.
Mientras compañías como Tesla o la filial Waymo de Alphabet mantienen estrategias propias, grupos históricos como General Motors o Ford Motor han replegado sus iniciativas tras acumular pérdidas y afrontar incidentes de seguridad.
Alianzas tecnológicas como vía de avance
En este contexto, la colaboración entre actores del sector se presenta como una alternativa para reactivar el desarrollo. Durante la feria CES de Las Vegas, varias alianzas pusieron de manifiesto este cambio de enfoque. Amazon Web Services y el proveedor alemán Aumovio anunciaron un acuerdo para respaldar el despliegue comercial de vehículos autónomos. De forma paralela, Kodiak AI y Bosch comunicaron una colaboración orientada a acelerar la producción de hardware y sensores para camiones sin conductor.
Por su parte, Nvidia presentó una nueva plataforma de computación para conducción autónoma que servirá de base a una alianza de robotaxis impulsada por Lucid Group, Nuro y Uber.
La inteligencia artificial como acelerador del desarrollo
Más allá del vehículo en sí, la inteligencia artificial se consolida como una herramienta transversal para reducir tiempos y costes de desarrollo. La simulación avanzada, la validación virtual y la generación de escenarios complejos permiten afrontar con menos recursos uno de los mayores retos de la conducción autónoma: los llamados “casos límite”, situaciones imprevisibles difíciles de anticipar mediante programación tradicional.
Desde el ámbito de la computación en la nube, responsables de AWS subrayan que la IA y la IA generativa están actuando como un catalizador que optimiza procesos y acorta ciclos de prueba, aunque sin eliminar por completo la necesidad de pruebas en entornos reales.
Presión internacional y avances desiguales
El desarrollo de la conducción autónoma también se ve condicionado por la competencia geopolítica. China ha dado pasos recientes al autorizar vehículos con capacidades de Nivel 3, que permiten una conducción sin intervención humana en determinadas condiciones. Este avance incrementa la presión sobre los fabricantes occidentales para no quedar rezagados en un ámbito considerado estratégico.
No obstante, desde la industria se insiste en moderar las expectativas. Directivos de fabricantes de chips advierten de que la adopción masiva de vehículos totalmente autónomos —Nivel 5— no es un escenario inmediato. En su lugar, la atención se centra en sistemas avanzados de asistencia al conductor de Nivel 2, ya comercializables y con mayor potencial de rentabilidad a corto plazo.
Un camino gradual hacia la autonomía total
Aunque se han anunciado pequeños despliegues de robotaxis en distintas regiones del mundo, su ampliación requiere grandes volúmenes de datos, flotas extensas y una logística compleja, factores que elevan considerablemente los costes. El sector parece asumir que la conducción autónoma avanzará de forma progresiva, apoyada en alianzas, plataformas compartidas y mejoras incrementales.
En este escenario, propuestas abiertas como las de Nvidia son vistas por parte de la industria como un punto de encuentro comparable al papel que desempeñaron, en su momento, los sistemas operativos móviles. Un enfoque que podría favorecer la estandarización y acelerar la adopción, sin resolver todavía todas las incógnitas económicas y sociales que rodean a esta tecnología.
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A mi me da la sensación de que la conducción autónoma está cogiendo impulso, pero con un enfoque mucho más pragmático que hace unos años. Menos promesas grandilocuentes y más alianzas, y si ya le sumamos lo de las plataformas compartidas y los avances graduales en sistemas de asistencia que ya pueden monetizarse tenemos un gran coctel.
La IA parece estar ayudando a resolver parte del problema técnico, pero el verdadero reto para mi sigue siendo económico: escalar esta tecnología sin disparar costes ni expectativas lo veo complicado. Creo que el futuro llegará antes por el Nivel 2 y 3 que por ese ansiado coche totalmente autónomo que lleva una década anunciándose.
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No tiene mala pinta la cosa, a ver si al final esto llega a España. Que si ya nos esta costando lo de las balizas lo de la conducción autónoma no quiero ni pensarlo.
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q tendra q ver una cosa con la otra. Los coches autonomos no vendran x aquí nunca
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Creo que te equivocas Daniel. La conducción autónoma va por un lado muy distinto a lo de las balizas.
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