Educación & Ciencia

Prohibir ChatGPT o enseñar a utilizarlo: las universidades empiezan a dividirse sobre cómo educar en la era de la IA

Créditos TecnoAp21

La llegada de la inteligencia artificial generativa a las aulas está obligando a universidades y centros educativos a responder una pregunta que hace apenas unos años ni siquiera existía: ¿qué debe aprender a hacer por sí mismo un estudiante cuando una máquina puede realizar parte de su trabajo?

El debate está entrando en una nueva fase. Ya no se limita a decidir si ChatGPT puede utilizarse para redactar un trabajo. Algunas universidades están endureciendo las restricciones sobre inteligencia artificial y dispositivos electrónicos, mientras otras incorporan formación específica sobre estas herramientas porque consideran que los estudiantes deberán utilizarlas posteriormente en su vida profesional.

El contraste se observa con claridad en las facultades de Derecho estadounidenses. Reuters ha informado de que al menos una docena de ellas modificaron durante el verano sus políticas relacionadas con la IA, aunque las soluciones adoptadas distan mucho de ser uniformes.

Dos modelos educativos empiezan a separarse

La Universidad de Chicago ha adoptado una política especialmente restrictiva con el objetivo de preservar determinadas formas tradicionales de razonamiento jurídico. Columbia y Michigan permiten usos más limitados, mientras Berkeley mantiene también restricciones importantes aunque deja margen de decisión a los profesores.

Al mismo tiempo, otras instituciones están introduciendo cursos relacionados con inteligencia artificial. El argumento es igualmente comprensible: los futuros abogados, médicos, ingenieros, periodistas o economistas se encontrarán estas herramientas cuando accedan al mercado laboral.

La discusión educativa empieza así a alejarse de una elección sencilla entre permitir y prohibir. La cuestión central pasa a ser qué competencias deben preservarse y cuáles pueden desarrollarse utilizando la IA como herramienta.

Hacer mejor un trabajo no significa necesariamente aprender más

El OECD Digital Education Outlook 2026 introduce una distinción fundamental. La inteligencia artificial generativa puede mejorar el resultado obtenido por un estudiante en una tarea determinada sin que esa mejora implique necesariamente un aprendizaje equivalente.

Un alumno puede entregar un texto más ordenado, mejor redactado y aparentemente más completo utilizando IA. Sin embargo, si la herramienta ha realizado buena parte del proceso intelectual, el estudiante puede haber practicado menos la búsqueda de información, la organización de argumentos, la detección de errores y la elaboración de conclusiones.

La OCDE recoge evidencia que apunta a que las herramientas generativas pueden favorecer el aprendizaje cuando existe una orientación pedagógica adecuada. El problema aparece cuando se utilizan fundamentalmente para externalizar el esfuerzo cognitivo necesario para resolver una tarea.

PISA añade una advertencia sobre el uso de la IA

Los resultados de PISA 2025 aportan otra pieza al debate. Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, ha señalado que los alumnos con mejores resultados tienden a ser quienes no utilizan inteligencia artificial.

La asociación debe interpretarse con cautela. Por sí sola no demuestra que utilizar IA provoque un peor rendimiento académico. Pueden existir numerosas diferencias entre los estudiantes que explican parte de esa relación.

Más significativa resulta la evolución de determinadas capacidades lectoras. La OCDE observa dificultades precisamente en competencias que adquieren una importancia creciente en un entorno digital inundado de información y contenido generado por máquinas: distinguir hechos de opiniones, desenvolverse ante información ambigua y evaluar críticamente lo que se lee.

La misma herramienta puede utilizarse de formas completamente diferentes

La discusión educativa se complica porque hablar simplemente de «utilizar ChatGPT» describe comportamientos muy diferentes.

Un estudiante puede pedir directamente a una IA que resuelva una tarea y copiar el resultado. También puede realizar primero su propio razonamiento y utilizar posteriormente el modelo para contrastarlo, detectar posibles errores o encontrar argumentos alternativos. Una tercera posibilidad consiste en utilizar la IA como tutor, solicitando que formule preguntas y proporcione pistas sin entregar directamente la solución.

La tecnología utilizada puede ser exactamente la misma, pero el proceso de aprendizaje es radicalmente distinto.

La propia OCDE apunta a que cuando los estudiantes reciben formación explícita para interpretar y evaluar las respuestas producidas por sistemas de IA, su utilización puede asociarse con mejores resultados de aprendizaje. La alfabetización en inteligencia artificial puede convertirse así en una competencia educativa adicional.

Los profesores también están utilizando inteligencia artificial

La transformación no afecta exclusivamente al alumnado. Según el Digital Education Outlook 2026, el 37 % de los profesores de secundaria inferior utilizaba IA para su trabajo en 2024.

El mismo informe muestra la ambivalencia existente dentro de la profesión docente. Un 57 % consideraba que la inteligencia artificial podía ayudar a elaborar o mejorar las programaciones, mientras un 72 % pensaba que podía perjudicar la integridad académica al facilitar que los estudiantes presentasen como propio un trabajo que no habían realizado.

La IA está entrando, por tanto, en ambos lados del aula. Puede ayudar al profesor a preparar materiales, adaptar ejercicios o estructurar contenidos al mismo tiempo que obliga a replantear cómo se comprueba que el alumno ha adquirido realmente los conocimientos evaluados.

El examen tradicional puede recuperar parte de su valor

Existe una paradoja adicional. Mientras las universidades incorporan progresivamente la inteligencia artificial a la formación profesional, su utilización continúa generalmente prohibida durante los exámenes destinados a acreditar los conocimientos del estudiante.

Cuanto más sencillo resulte generar un ensayo, resolver determinados ejercicios o preparar una presentación con ayuda de una máquina, más importante puede hacerse disponer de mecanismos que permitan comprobar qué sabe realmente la persona.

Esto puede reforzar evaluaciones presenciales, defensas orales, ejercicios realizados en clase y otros métodos en los que el proceso seguido por el estudiante resulta tan importante como el resultado final.

La pregunta ya no es solamente si debe permitirse ChatGPT

La educación ha incorporado anteriormente calculadoras, ordenadores, Internet y buscadores. Cada una de esas tecnologías modificó qué tareas merecía la pena memorizar, practicar o automatizar. La inteligencia artificial generativa plantea un desafío adicional porque puede intervenir directamente en actividades asociadas al razonamiento, la escritura y la elaboración de respuestas.

Por ello, prohibir completamente estas herramientas puede resultar difícil de sostener en ámbitos profesionales donde terminarán siendo habituales. Pero permitir que sustituyan sin límites el esfuerzo intelectual puede vaciar de contenido precisamente el proceso que la educación intenta desarrollar.

La cuestión que universidades y escuelas empiezan a afrontar es más compleja que decidir si ChatGPT entra o no en el aula. La inteligencia artificial no elimina la necesidad de aprender; obliga a definir con mucha más precisión qué significa haber aprendido algo.


Descubre más desde TecnoAp21

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.