
La transición energética tiene una paradoja. Para fabricar coches eléctricos, baterías, placas solares, aerogeneradores y nuevas redes eléctricas hacen falta cantidades enormes de litio, cobre, níquel, cobalto, plata y otros materiales. Pero una parte creciente de esos recursos podría empezar a obtenerse de las propias tecnologías renovables cuando llegan al final de su vida útil.
La consecuencia es especialmente interesante: la primera generación de la transición energética comienza a proporcionar materias primas para fabricar la siguiente.
Una batería usada sigue conteniendo materiales extraordinariamente valiosos
Las baterías constituyen probablemente el ejemplo más claro. Durante años, el debate se ha centrado en encontrar suficiente litio, níquel o cobalto para alimentar el crecimiento del coche eléctrico. Ahora comienza a existir otra fuente: las baterías que ya han sido fabricadas y utilizadas.
La estadounidense Redwood Materials asegura recuperar más del 95 % del litio, níquel, cobalto y cobre presente en baterías usadas y residuos procedentes de su fabricación. Actualmente procesa más de 20 GWh de baterías de ion-litio al año y obtiene más de 60.000 toneladas de materiales críticos.
Esto adquiere mayor importancia conforme las primeras grandes generaciones de vehículos eléctricos envejecen. La Agencia Internacional de la Energía calcula que, si aumenta suficientemente el reciclaje, entre un 20 % y un 30 % de la demanda mundial de litio, níquel y cobalto podría cubrirse mediante materiales reciclados en 2050.
Las placas solares esconden plata y silicio
Algo parecido está comenzando a suceder con los paneles fotovoltaicos. Hasta ahora, reciclarlos significaba fundamentalmente recuperar componentes relativamente sencillos como el vidrio y el aluminio. Extraer otros materiales valiosos resultaba técnicamente más complicado o demasiado costoso.
Las nuevas tecnologías están modificando esa situación. Investigadores de la organización neerlandesa TNO han demostrado un procedimiento asistido mediante láser capaz de recuperar silicio con una pureza de hasta el 99,998 % y plata con una pureza del 99,7 %, alcanzando rendimientos de recuperación próximos al 97 %.
En Australia se está explorando otra solución: investigadores de la Universidad de Newcastle han utilizado técnicas de flotación procedentes de la minería para recuperar prácticamente toda la plata de paneles solares al final de su vida útil. Algunas tecnologías desarrolladas para extraer minerales de la tierra empiezan así a utilizarse para recuperarlos de objetos fabricados décadas antes.
Un panel solar viejo puede convertirse en una pequeña mina
La escala futura resulta considerable. Rystad Energy estima que el valor de los materiales reciclables contenidos en los paneles solares podría pasar de aproximadamente 2.000 millones de dólares actualmente a unos 80.000 millones en 2050, conforme envejezca la gran cantidad de instalaciones fotovoltaicas desplegadas durante las últimas décadas.
En 2035, el reciclaje de paneles instalados en 2020 podría proporcionar hasta el 21 % de la plata necesaria para fabricar nuevos paneles, según las estimaciones recogidas por Reuters.
Incluso las enormes palas de los aerogeneradores encuentran una segunda vida
Las turbinas eólicas presentan otro problema interesante. Buena parte de un aerogenerador puede reciclarse, pero sus enormes palas están fabricadas con materiales compuestos difíciles de separar y reutilizar.
Una solución consiste, paradójicamente, en no intentar fabricar otra pala con ellas. Veolia ha desarrollado un procedimiento para triturar las antiguas palas de fibra de vidrio y convertirlas en material aprovechable por la industria cementera. Los residuos pueden sustituir parcialmente carbón, sílice y piedra caliza utilizados en los hornos.
La empresa estadounidense REGEN Fiber trabaja con una idea relacionada, transformando estos materiales en fibras destinadas al hormigón, asfalto y otros productos.
También se puede «minar» una vieja red eléctrica
Hay otra mina todavía menos evidente: las infraestructuras eléctricas existentes. Transformadores, subestaciones y líneas que llevan décadas funcionando contienen grandes cantidades de cobre, aluminio y acero de elevada calidad.
Cuando una red eléctrica se moderniza, esos materiales no necesariamente tienen que convertirse en residuos. Empresas como Nucor están recuperándolos de equipos retirados para introducirlos nuevamente en las cadenas industriales que fabrican componentes destinados a las nuevas redes eléctricas.
La economía circular empieza a adquirir sentido industrial
El reciclaje no eliminará la necesidad de abrir minas. La demanda prevista de minerales es demasiado grande para conseguirlo únicamente recuperando materiales existentes. Pero sí empieza a producirse un cambio relevante.
Durante la primera fase de la transición energética hubo que fabricar millones de baterías, placas solares y aerogeneradores prácticamente desde cero. Conforme esa infraestructura envejece, se está formando una gigantesca reserva artificial de materias primas.
Una batería agotada deja así de ser solamente un residuo. Un panel solar roto contiene plata y silicio ya extraídos, refinados y transportados. Un transformador retirado contiene cobre. Incluso una pala gigantesca puede terminar reduciendo el consumo de materias primas de una cementera.
La tecnología está consiguiendo que parte de los materiales necesarios para construir la próxima generación de energía limpia procedan de la generación anterior. Algunas de las minas del futuro podrían no encontrarse bajo tierra, sino en los objetos que ya se han fabricado.
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