Seguridad

La privacidad en el siglo XXI

Esta claro que vivimos en una época difícil para la privacidad. Hace unas décadas, antes de que internet lo invadiera todo, lo normal era mantener en privado la gran mayoría de nuestros datos personales, quitando al estado como entidad nadie tenía acceso a nuestra información. Pero eso ha ido cambiando de forma paulatina y lo que es peor, oculta a nuestros ojos. Ahora lo habitual es que muchas empresas tenga acceso a datos relevantes sobre nosotros, ya no solo a nuestro nombre y dirección sino a cosas más personales como nuestros hábitos de consumo (qué compramos, cuando y donde), nuestra forma de vida (donde vamos y con quién) e incluso lo que hablamos en la intimidad de nuestro hogar. Si hace solo 20 años nos hubieran dicho que la información de toda nuestra vida iba a estar disponible para traficar con ella por parte de grandes (y no tan grandes) empresas, no hubiéramos dado crédito y habríamos tomado por loco a quién afirmara eso. Sin embargo la realidad es que ese futuro no solo se ha hecho posible, sino que a mucha gente no parece importarle demasiado, y esto quizás es lo más preocupante.

Ni las cosas son tan dramáticas ni vivimos protegidos del todo. Hay un cierto equilibrio sobre la privacidad que depende en gran medida de cuanto nos exponemos al entrar en el mundo digital. No es lo mismo darse de alta en todas las redes sociales, múltiples plataformas de venta online y diversas webs de todo tipo que nos piden gran cantidad de permisos y datos personales, que hacerlo al margen de una gran parte de internet y lo que ofrece. En cierta medida nosotros mismos ponemos los límites de nuestra privacidad por cuanto nos exponemos y confiamos en la buena fe de las empresas que operan en internet. Pero también es cierto que escapar del todo de la exposición de nuestros datos es casi imposible a día de hoy. Si tenemos un smartphone y nos hemos dado de alta en alguna página o servicio de internet figuramos en el sistema, y a partir de ahí es cuestión de tiempo que nuestros datos entren en el torrente de información con el que se negocia.

Lo que es innegable es que existe un fluir de mucha información personal entre empresas que proporcionan servicios, a cambio de que les facilitemos acceso a nuestros datos, esto es un hecho que ha quedado al descubierto hace no mucho y del que cada día sabemos más. Prácticamente todas las semanas sale a luz alguna noticia de cómo ciertas empresas venden o negocian con información de sus usuarios, escándalos sobre la privacidad en las redes sociales, o fallos de seguridad de programas que dejan expuestos datos de la gente, con esto hay que lidiar constantemente. La buena noticia es que cada vez hay más información sobre lo que está pasando. Esto nos pone en contexto la realidad y ya dependerá de nosotros tomar medidas extra de precaución para protegernos. A la par los gobiernos y las grandes empresas deben trabajar por garantizar unos mínimos de calidad ética para las personas. Este es el mundo en el que vivimos y que en cierta forma hemos colaborado a crear.


Las redes sociales

Aunque no son las culpables de todo si han contribuido a cambiar la percepción que tenían las empresas sobre los datos. Y esto ha creado gran parte del problema actual de la información en la red. Aquí es fácil poner la diana en Facebook puesto que fue una de las primeras en llegar y la que mas ha crecido a nivel mundial. De hecho es en parte culpable de muchos problemas de la privacidad y de como se han tratado los datos de sus usuarios. Pero para ser justos, aunque Facebook estableció unas normas el resto de redes sociales las han copiado casi al milímetro por lo que no se salvan de la quema. 

Inicialmente nuestros datos eran la formula necesaria para registrarnos e identificarnos entre la multitud. Necesarios para ubicar a cada persona y su recolección era fácilmente justificable. Pero las empresas que basan su negocio en las redes sociales no se han conformado con el dinero que podían ganar a través de la publicidad y los patrocinios, quizás porque han procurado evitar la publicidad directa durante mucho tiempo para no distraer ni molestar a sus usuarios. Pero llegó un momento en el que muchas redes sociales vieron un gran filón en utilizar nuestra actividad en sus plataformas como moneda de cambio que vender a las empresas. De esta forma el usuario trabajaba para la red social otorgándole permisos sobre lo que hace, con quién lo hace y cuando lo hace a cambio de “disfrutar” de los servicios que ofrece dicha red social. Este es solo uno de los métodos que algunas redes han usado para monetizar nuestra información y hacer rentable el trabajo que ellos proporcionan a sus usuarios. 

Todo esto no supondría un problema si la gente fuera consciente de a qué se expone, pero en la mayoría de los casos el proceso de leer los permisos que damos se hace tan extenso y tedioso que pasamos por alto todo con tal de poder acceder al servicio en cuestión. Además negarnos supone quedarnos fuera y no hay alternativas o medias tintas, o todo o nada. A la vista de todos los escándalos y la publicidad negativa que han recibido tanto redes sociales como grandes empresas, ahora se ve una mayor apertura y transparencia que se ha traducido en opciones para el usuario. Ahora podemos negarnos a compartir ciertos datos, a que nuestra información pase a formar parte de bases de datos de terceros, etc. No es ni mucho menos la solución pero es un comienzo.


Los buscadores

La empresa Alphabet es quizás la que más datos tiene de la población a nivel mundial. Su filial más conocida, Google, recopila constantemente millones de datos de nuestras búsquedas, ubicaciones, movimientos, etc. Si bien es cierto que dichos datos ayudan a mejorar la experiencia de uso, también lo es que su política de privacidad está mas que en entredicho por cómo ha utilizado ese poder en su propio beneficio. Lógico por un lado puesto que hablamos de una empresa, y están para ganar cuanto mas dinero mejor, pero poco ético en la medida en la que la gente no ha sido consciente de a lo que se exponía. Cada búsqueda que hacemos, estemos registrados con nuestra cuenta de Google o no, es más información sobre nosotros. Cada click que hacemos en alguno de los resultados es más información sobre nuestras preferencias, y así con todo hasta completar una fotografía bastante exacta sobre quienes somos. No se trata de vivir con paranoia pero es muy importante ser conscientes de que lo que hacemos tiene unas consecuencias.

Vivir al margen de los servicios que ofrece Google es casi imposible a día de hoy, ya no solo por el buscador sino porque no hay una alternativa (ni remotamente parecida en cantidad y variedad) a YouTube, y sus otros servicios estrella como Google Maps, Street View o Gmail están muy extendidos como para no haber utilizado alguna vez sus servicios. La mejor alternativa a Google pasa por utilizar el buscador DuckDuckGo que presume de hacer de la privacidad su mayor beneficio, pero desde luego no ofrece la misma experiencia de uso. Por otro lado otros buscadores como Bing (propiedad de Microsoft) siguen una política muy similar a la de Google en cuanto a la privacidad, además su nivel de intrusión en los navegadores por defecto de Windows es cuando menos cuestionable por cuanto está ahí sin nuestro permiso.


Las compras en internet

Quizás los que más afectan a nuestro día a día en el tema de la privacidad son las empresas que venden productos por internet, es decir casi todas las que existen hoy en día. Aquí la más reconocida en el mundo occidental quizás sea Amazon. Una enorme corporación que ha sabido como ninguna otra utilizar nuestros datos en su propio beneficio. Los negocios de Amazon empezaron como tienda online, primero de libros de segunda mano (cuando internet daba sus primeros pasos a nivel mundial) y progresivamente a todo tipo de productos. De ahí diversificaron negocios para entrar otros muchos campos y actualmente su mayor fuente de ingresos viene del almacenamiento de datos en la nube. Amazon proporciona un servicio de datos en internet para empresas como Apple (que combina sus propios servicios con los que contrata a Amazon), Netflix, Spotify o Pinterest por poner algunos ejemplos conocidos. Pero no solo gana dinero ofreciendo servicios sino que también ha sabido rentabilizar los datos que obtiene de sus compradores y usuarios. 

En este sentido podemos entender que cuando compramos en una tienda nuestros datos formen parte de su sistema, el problema es que en ese sistema hay miles de pequeñas empresas que colaboran y venden sus productos a través de Amazon. Aquí es donde nuestra información se empieza a exponer a un bombardeo de publicidad, segmentada para que nos lleguen recomendaciones acordes a nuestros gustos pero publicidad a fin de cuentas.


La mensajería

Otro de los grandes problemas de la privacidad viene del lado de las aplicaciones de mensajería. Whastapp es propiedad de Facebook y cuando la compraron dieron un mensaje al mundo: hay un negocio en manejar los mensajes que se envía la gente. Esto no significa que nuestros mensajes sean públicos o que se vaya a negociar directamente con ellos, pero si que a partir de una aplicación para enviar mensajes se pueden generar ingresos por vías alternativas. Hoy en día que se envían millones de mensajes cada minuto y que esta App se ha vuelto imprescindible para muchísima gente, cabe la posibilidad de incluir a todo el mundo en una nueva (y en parte oculta) red social. Porque Whastapp es en definitiva eso, una gran red social en la que podemos ver una foto de las persona con las que hablamos, videos de ellos a través de los estados, compartimos documentos, archivos, enlaces etc. y en resumidas cuentas hacemos algo parecido a lo que se hace en Facebook pero de otra forma. Quizás sea más personal y menos intrusiva, nos exponga menos y podamos controlar más con quién queremos hablar. Pero a fin de cuentas la base de ambas redes es muy similar y con el tiempo se irán pareciendo más. Aunque Whatsapp se está empeñando en lavar su imagen con nuevas funciones de encriptación de los mensajes y otras medidas a favor de la privacidad el ADN de Facebook pesa mucho como para no tenerlo en cuenta.

Sin embargo hay alternativas de mensajería que nos dan algo más de privacidad en su uso. Telegram funciona como la idea de la privacidad como eje central y ofrece algunos extras muy interesantes. El principal problema, como les pasa a todas las apps al principio, es cómo esta de extendida. Si tus contactos no tienen esta App o no la usan regularmente pierde parte de su esencia.

Apple también tiene una aplicación nativa de mensajería que hace gala de unos criterios muy buenos en el tema de la privacidad. Sin embargo ninguna empresa está exenta del escrutinio y de posibles fallos de seguridad. Aquí no hay impíos, quien mas y quien menos tiene algún pecado que confesar. Lo único que podemos buscar es aquella propuesta que sea ofrezca mas herramientas para garantizar su neutralidad.


Conclusiones

La red de redes tiene muchos fallos tal y como esta ideada y nosotros hemos contribuido a potenciar algunos de ellos. Nuestra forma de vivir y como algunas personas han querido ser quienes no son ha dado alas a que algunas empresas saquen oro de algo que no creíamos que tuviera mucho valor, nuestros datos. Podemos pensar que somos insignificantes y que realmente a ninguna gran empresa le va a interesar saber qué comemos y con quién, donde compramos y cuando, o lo que hacemos y a que horas. Pero pensar así es un error, porque si hay un gran valor en conocer todo eso si con ello podemos generar beneficios a otras empresas en forma de más compras, más viajes y más gasto para ellos. De una forma sutil a veces y descarada otras, se nos conduce hacia donde otros quieren que vayamos. Cuanto mas nos metemos en el sistema que ofrece internet más nos exponemos a esa guía invisible hacia el producto que debemos adquirir (sea este una cosa, un viaje, una comida, etc.). No se trata tanto de evitar internet sino de ser conscientes de nuestro papel y de actuar con cierta cautela cuando se nos pide permiso para acceder a nuestros datos.

Hay un dicho muy conocido que viene a sintetizar que “cuando no hay producto es que el producto eres tu”. Esto significa que cuando estamos en una web donde no se nos vende nada y se nos ofrece algo a cambio (participar en una red social, resultados a nuestras búsquedas por internet o lo que sea) el producto que se está vendiendo somos nosotros mismo y nuestra información. Esta claro que nadie da algo a cambio de nada. Esto que es tan comprensible en la vida real lo olvidamos al entrar a internet, sobre todo cuando damos por sentado que allí donde no se esta vendiendo nada es que no hay nada que vender.

La privacidad en el siglo XXI ya no depende del todo de nosotros puesto que vivimos en un muno invadido por internet y donde actuar al margen de las grandes empresas que lo gestionan es además de imposible, innecesario. De nosotros depende controlar nuestras interacciones con las redes sociales, las páginas web y los portales y tiendas de compras online. De los gobiernos depende controlar la legalidad y neutralidad de la red y el uso de los datos por parte de las grandes corporaciones. Y de las grandes empresa depende encontrar un modelo de negocio que no se base en traficar con nuestra información. Solo con un equilibrio entre esas tres partes podremos disfrutar de una red limpia y segura. 

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