
Las tensiones tecnológicas entre Estados Unidos y China vuelven a situarse en primer plano tras la decisión de las autoridades chinas de bloquear la entrada en el país del chip de inteligencia artificial H200 de Nvidia.
La medida ha tenido un impacto inmediato en la cadena de suministro, provocando la paralización de la producción por parte de varios proveedores de componentes y sembrando incertidumbre sobre el futuro de uno de los procesadores de IA más avanzados del mercado.
Producción detenida tras el veto en aduanas
Según ha informado el Financial Times, los proveedores de piezas para el chip H200 han detenido su actividad después de que los funcionarios de aduanas de China impidieran la entrada de los envíos del procesador, recientemente aprobado para su exportación. Reuters no ha podido verificar de forma independiente esta información, y Nvidia no ha realizado comentarios oficiales fuera del horario comercial habitual.
De acuerdo con fuentes citadas por el medio británico, Nvidia esperaba recibir más de un millón de pedidos procedentes de clientes chinos, lo que había llevado a sus proveedores a operar de forma ininterrumpida para preparar los envíos previstos a partir del mes de marzo. La interrupción supone, por tanto, un golpe relevante tanto para la compañía como para su ecosistema industrial.
Advertencias a las empresas tecnológicas chinas
Fuentes conocedoras del proceso han señalado que las autoridades chinas no solo han bloqueado los envíos en aduanas, sino que también han convocado a empresas tecnológicas nacionales para advertirles de que eviten adquirir el chip H200 salvo que sea estrictamente necesario. Estas directrices se habrían comunicado sin ofrecer una explicación formal ni aclarar si se trata de una prohibición definitiva o de una medida temporal.
Las autoridades tampoco han indicado si el bloqueo responde a criterios técnicos, regulatorios o estratégicos, lo que incrementa la incertidumbre entre fabricantes, proveedores y clientes finales.
Un nuevo punto de fricción geopolítica
El H200, considerado el segundo chip de inteligencia artificial más potente de Nvidia, se ha convertido en uno de los principales focos de fricción en las relaciones tecnológicas entre Washington y Pekín. Aunque la demanda por parte de las empresas chinas sigue siendo elevada, no está claro si el gobierno chino pretende vetar el chip para favorecer el desarrollo de alternativas nacionales o si utiliza esta medida como elemento de presión en las negociaciones con Estados Unidos.
Este episodio se suma a una serie de restricciones cruzadas en el ámbito de los semiconductores avanzados, un sector clave para el desarrollo de la inteligencia artificial, los centros de datos y la competitividad tecnológica global. Mientras tanto, la cadena de suministro permanece a la espera de una definición clara por parte de las autoridades chinas que permita anticipar el alcance real de la decisión.
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