Educación & Ciencia

La tecnología en las aulas

Hace relativamente poco tiempo irrumpieron las pantallas interactivas en las aulas para cambiar aún más el panorama. Estas suponen uno de los mayores avances en cuanto a sistemas de integración del alumno en el proceso educativo. No solo porque involucran al alumno de principio a fin en las clases, sino porque a través del software del que dispone y gracias a sus múltiples opciones permiten al profesor profundizar mucho más en las materias. De esta forma el alumno se siente integrado en la lección, la aprende y la retiene de una forma mucho más natural, esto conlleva un aprendizaje más fluido que además deja una mayor huella en el alumno. La percepción que tiene el alumno de que están enseñándole dentro de una clase se diluye gracias al medio que se usa para lograrlo. Las posibilidades de interacción entre profesor y alumno son tan variadas como los distintos programas y lecciones que se pueden crear para estas pantallas inteligentes. Aquí el limite lo ponen ahora los propios profesores mucho más que el sistema educativo. Sumado a todo esto está la sencillez para desplegar el sistema, ya que todo viene integrado en la propia pantalla (como si de una gran televisión plana se tratara) y basta con colgarla, enchufarla y configurar los parámetros básicos para poder disfrutar al 100% de todas sus ventajas.

Sin duda vivimos una época de grandes cambios gracias a los avances tecnológicos y como no podía ser de otra forma esto ha llegado por afectar al sistema educativo. Afortunadamente los nuevos medios de los que disponemos son una excelente herramienta para comunicar, transmitir y aprender. Pero lo más importante es que sus capacidades están muy por encima de lo que inicialmente podemos hacer con ellas, ya que se actualizan constantemente y permiten adaptarse a lo que está por venir. Estos son algunos de los puntos y argumentos positivos pero como en todo siempre hay otros aspectos negativos que es siempre importante resaltar para tener una visión completa del asunto.

La tecnología en las aulas supone un riesgo si no se implementa correctamente. Su uso desmedido puede ser tan perjudicial como su ausencia total. Como dato curioso basta decir que en los entornos más tecnológicos del mundo como Silicon Valley ya esta generando muchas dudas. Allí diferentes expertos del sector están alertando del excesivo uso de la tecnología en el sistema educativo, y ahora apuestan por volver a un sistema más tradicional basado en los libros y el papel. Para entender esta reacción hay que comprender que la sociedad ya está muy mimetizada con la tecnología en todo tipo de aspectos: sociales, culturales, de ocio, etc. Esto hace que tanto jóvenes como adultos pasen muchas horas delante de una pantalla, por lo que algunos expertos apuestan por reducir su uso en horas lectivas. El planteamiento es que ya que en las horas de ocio será prácticamente inevitable que se usen pantallas (sean estas de móvil, tablet, ordenador o televisión) lo mejor eliminarlas allá donde hay alternativas equivalentes y efectivas. Probado está que tanto pizarras como libros, cuadernos y apuntes han sido la base física de la educación durante décadas de forma totalmente efectiva. Si la teoría se ha podido aprender así puede seguir haciéndose de la misma forma aunque las materias cambien.

La educación es una gran cadena formada por: alumnos, medios y profesores. Los alumnos son los primeros en adaptarse a nuestros métodos puesto que tienen una capacidad innata para el cambio. Los medios varían constantemente y lo seguirán haciendo mientras evolucione la sociedad, puesto que responden a nuestra forma de adaptarnos a la vida diaria. La pieza que le falta a la cadena para completarse es la del profesorado. La implementación de la tecnología en el aula esta supeditada 100% al maestro y a su pericia para manejar y expandir su uso. Debe ser el profesor en última instancia quién haga de la tecnología la herramienta diferencial, sino los dispositivos poco pueden aportar al aprendizaje y al alumno le crean una percepción errónea de lo que pueden suponer en su educación. Es por ello que el proceso para incluir nuevos dispositivos digitales en las aulas debe empezar mucho antes de que el alumno los disfrute. Lo más importante es que los profesores sepan perfectamente de qué es capaz y para qué sirve un dispositivo en el aula. Ahí es donde el sistema suele fallar puesto que no hay un criterio unánime ante tales desafíos. Porque sin duda lo son, grandes y arriesgados desafíos para un sector que debería ser piedra angular de nuestra sociedad. Y este es un riesgo que convierte a la tecnología un arma complicada de manejar que muchas veces se queda a medio camino (sino menos) del recorrido que podría hacer en la educación.

Ante todos estos problemas no hay una solución perfecta. Los enormes beneficios de educar con nuevas herramientas tecnológicas tienen muchas barreras que superar, muchos matices que perfilar y un gran proceso de aprendizaje y adaptación por parte de los profesores. Hay muchas preguntas en el aire motivadas por nuestros propios miedos e inseguridades. Quizás la respuesta nos la den los propios alumnos y el tiempo. Los que hoy aprenden, mañana enseñarán y sabrán ver lo que no supimos hacer bien para mejorar en futuras generaciones, a fin de cuentas lleva siendo así durante siglos.


Descubre más desde TecnoAp21

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Páginas: 1 2

1 respuesta »

Deja un comentario